
Me fijo demasiado en las expresiones de la gente cuando se están sacando una foto. La mentira que a veces conlleva es admirable. El otro día en una fiesta de esas de reservado, el ansia por una buena foto era palpable. Empujones, pisotones, palabras mágicas como "perdona, ¿te importa sacarnos una foto?". Y me di cuenta que el ansia se puede contagiar cuando mi mayor preocupación era si por culpa del flash habría salido con los ojos cerrados. Y no paré de darle vueltas a la cabeza si era más importante la foto, el momento, o la hipocresía estética.
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